El MIEDO es una emoción básica para adaptarnos a nuestro ambiente. Sin alguna dosis de miedo no podemos sobrevivir. De hecho el miedo, generalmente, es un recurso para avanzar, para motivarnos. Pero en ocasiones…el miedo atrapa.

"No temas el cambio. Cambia el miedo."

“No temas el cambio. Cambia el miedo.”

El problema radica cuando ese miedo supera cierto umbral, nos bloqueamos y se convierte en un limite que no nos permite reaccionar de la manera adecuada e impide avanzar o hacer cosas que necesitamos o nos gustaría poder hacer: salir con los amigos o de compras, coger un avión o autobús, coger un ascensor, hablar en publico, miedo a morir o a tener una enfermedad grave, miedo a perder el control, miedo a la opinión de los demás…

Cuando una persona comienza a dejar de hacer cosas, o empieza a evitar situaciones, y se construye una vida alrededor de evitar sentir ese miedo, estamos hablando de un serio problema que, en ocasiones, se expresa con ataques de pánicoansiedad elevadanerviosismopensamientos intrusivos…haciendo sufrir mucho a quien lo siente y también a los de su alrededor, que contemplan la situación y tratan de ayudar sin mucho éxito, puesto que la persona generalmente siente más y más miedo con el tiempo.

Ante el miedo, solemos reaccionar poniendo en marcha varias soluciones que, aunque en un principio parecen efectivas, con el tiempo construyen la trampa en la que sufrimos el miedo:

  1.  Evitar “Miedo evitado, miedo incrementado”: una de las primeras reacciones ante el miedo es evitarlo, sucede que esto no hace sino confirmar nuestro miedo, y por tanto nuestra incapacidad para gestionarlo, es más, nos prepara para la siguiente evitación. Gradualmente iremos incrementando las evitaciones hasta sentirnos totalmente bloqueados, ya que aumentara nuestra desconfianza en nuestros propios recursos
  2. Hablar: cuanto más hablamos acerca de nuestro miedo, por un lado, más incomprendidos nos sentimos ya que observamos que los demás no pueden ayudarnos, y por otro, más crece la sensación de miedo. Lo que en un primer momento proporciona alivio, poco a poco produce más ansiedad y miedo.
  3. Pedir/recibir ayuda “La ayuda que daña”: solicitar ayuda o la tendencia a estar siempre acompañados y apoyados por alguien, preparado para actuar en caso de crisis, no hace sino agravar nuestros miedos y confirma nuestra incapacidad para afrontar la situación y manejar nuestras reacciones.
  4. Intentar controlar el miedo “El control que hace perder el control”: cuando tratamos de controlar nuestras reacciones fisiológicas ante el miedo: respiración, latidos corazón, sudoración, pensamientos al respecto… más terminamos provocándolas y se genera así una espiral que suele terminar en ataque de pánico o crisis de ansiedad. En otras palabras, construimos la realidad que luego sufrimos.

Y claro, estas soluciones las ponemos en marcha de una manera más o menos consciente, pero siempre pensando que son unas soluciones eficaces, como decía Oscar Wilde: “La mayoría de las veces, con las mejores intenciones se obtienen los peores resultados”

Eso si, es bueno saber que hasta la más arraigada fobia puede ser desbloqueada y resuelve rápidamente.

 

Exploradora y constructora de realidades. Acompañante en la gestión de emociones. Emprendedora. Inquieta. Hortelana. Madre equilibrista.