Una antigua historieta habla de dos viejos sabios que cavaron en prisión por no haber cedido paso a su soberano.

En la celda completamente oscura donde los encerraron encontraron a un joven que cumplía una larga pena por robo. Era un necio, criado sin educación, incapaz de leer y escribir.

Uno de los sabios decidió que pasaría el tiempo intentando  instruir al muchacho.

Te enseñaré algunos conocimientos básicos. Comenzaremos por el uso de los cubiertos – le dijo al darse cuenta de que comía con las manos.

Y así fue. Durante días y días el sabio se esforzó con todas sus fuerzas. Explicaba y repetía pacientemente cómo utilizar los cubiertos, pero, a pesar de ello, el joven a veces ni siquiera lograba comprender lo que le decían. Al cabo de varias semanas, el viejo comenzó a manifestar algunas señales de nerviosismo. Entonces, se dirigió al otro sabio riñéndolo:

¿Cómo puedes estar de brazos cruzados en lugar de ayudarme con este joven?. – se quejó.

Aquél, con mucha calma, le contestó: No es cierto que esté de brazos cruzados. Estoy intentando ser útil.

¿De qué manera?

Con esto – le respondió acercándole en la oscuridad una cuchara hasta rozarle el rostro.

El sabio que tanto trabajo se había tomado para ayudar al muchacho, un poco sorprendido, dijo: La verdad es que no te entiendo.

¿Ves? – le explicó el compañero-, cuando el joven y tú estáis durmiendo, yo, con la cuchara, intento hacer un agujero en el muro. Cuando entre en la celda un hilo de luz, te será mucho más fácil enseñar las cosas.

Extraído de  "Cuando el amor no basta" Andrea Fiorenza

 

Exploradora y constructora de realidades. Acompañante en la gestión de emociones. Emprendedora. Inquieta. Hortelana. Madre equilibrista.